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Mis Fantasmas Favoritos

Una Serie de Catastróficas Desdichas




What a difference
a day makes...


No es necesario describir las causas y circunstancias de la muerte de Len Bias menos de 48 horas después de ser elegido como nº 2 del draft por los Boston Celtics, pero sí que cabe analizar los efectos a corto y largo plazo de su desaparición (bueno, no desapareció que lo enterraron, pero ya me entendéis).

A corto plazo, los Celtics perdieron a un jugador que hubiera sido fundamental en su rotación interior. Aparte de apuntalar el único punto débil del equipo (la falta de velocidad), las bajas de Wedman y Walton hubieran podido ser compensadas recurriendo a los clásicos trucos de poner a Bird como “cuatro” y/o a McHale como “cinco” metiendo a Bias de “tres”, para así poder dar descanso a cualquiera de los tres titulares del frontcourt sin tener que tirar de merluzos como Fred Roberts o Greg Kite. A largo plazo, hubiera permitido compensar la estructura de los Celtics, con dos superveteranos (DJ, Parish), dos veteranos (Bird, McHale), uno en su mejor edad (Ainge), y una joven promesa (Bias). Sólo con añadir a algún otro joven prometedor (Brian Shaw, por ejemplo), ya hubieran tenido un relevo generacional razonable para asegurar al menos seguir siendo competitivos hasta la retirada de los Bird y McHale. What if.

Para colmo, no fue la única desgracia de la temporada. No, señor. Ni hablar de ello. No fue eso, sino algo muy diferente de lo anterior.

Después de un año a gran nivel, Bill Walton volvió a lesionarse. Haciendo bicicleta estática. No del pie malo, ojo, sino del pie bueno. Uno se imagina que fue seguramente un caso de compensación, de haber estado favoreciendo el otro pie durante demasiado tiempo y tal, pero tampoco puedo quitarme la sensación de que es el tipo de cosas que solamente te pasan en una temporada como ésta: Walton lesionándose el pie bueno en la ciclostatic. No fue el único: Scotty Wedman empezó la temporada en la lista de lesionados después de tener que operarse el talón izquierdo. Intentó volver a mitad de año, pero no pudo soportar el dolor y tuvo que volver a operarse, esta vez de los dos talones. Fue la última temporada en activo para ambos jugadores, que fueran fundamentales en el título conquistado solamente unos meses antes.



Por si fuera poco, tampoco los demás estuvieron precisamente al 100%. Kevin McHale sufrió su famosa rotura de un hueso del pie contra los Suns, y para cuando llegaron los playoffs también se había torcido el otro tobillo. Lo mismo que Parish, que además se perdió un partido de la final de conferencia por sanción (inolvidable ese “sigan, sigan”) mientras Danny Ainge sufría los efectos de un virus y de una torcedura de tobillo. Dennis Johnson bien, gracias.

Ante semejante panorama, la gerencia de los Celtics se lanzó a intentar conseguir al menos a un par de fulanos capaces de tenerse en pie para poder juntar al menos una rotación. Trajeron a Fred Roberts de los Jazz a cambio de una tercera ronda del draft, lo cual puede calificarse de robo, y ficharon a los agentes libres Darren Daye (nunca supe por qué lo cortaron los Bulls, en los Bullets jugó bien) y Conner Henry. Henry no pasó de ocupar el puesto de Carlisle como tirador blanquito agitatoallas al fondo del banquillo, pero Roberts y Daye se convirtieron en buenos elementos de rotación para estos limitadísimos Celtics, gracias a los bloqueos y rebotes del primero y a la anotación desde el banquillo del segundo.


Fred Roberts es el de abajo.

KC Jones optó por comprimir su rotación al máximo, exprimiendo a los titulares y usando casi exclusivamente a Sichting como relevo mientras que Daye, Roberts y Kite solamente salían si no quedaba ningún remedio. Aún así, con el brillante comienzo de Bird y sobre todo la inmensa temporada de Kevin McHale, inconmensurable hasta su lesión, los Celtics sumaron 59 victorias a pesar de sus crecientes problemas lejos del Garden, y revalidaron su título de división. Bill Walton retornó para playoffs y fue fundamental en la barrida 3-0 de los Bulls, pero justamente después de su mejor actuación, en ese tercer partido, volvió a resentirse de la lesión y prácticamente no volvió a jugar.



Sin él, los Celtics sufrieron mucho contra unos correosos Milwaukee Bucks que llegaron al séptimo partido antes de darse por vencidos. Y en final de conferencia les esperaban los Pistons. Creo que no es necesario recordar todos los detalles de una de las series de playoff que dejaron imagen más profunda en el baloncesto de su época: el robo de Larry Bird, el KO de Laimbeer a manos de Parish, el robo de Larry Bird, la polémica por las declaraciones de Dennis Rodman y Isiah Thomas, y sobre todo el robo de Larry Bird. ¿He mencionado ya un robo de no sé quién? Pues eso.

La final tuvo menos historia: los Lakers estaban ahora un peldaño por encima, y superaron cómodamente a los Celtics los dos primeros partidos en casa. Solamente un esfuerzo sobrehumano permitió a los de Boston ganar el tercero, y me refiero al esfuerzo sobrehumano que tuvo que hacer KC Jones para poner en cancha a Greg Kite en minutos importantes.


¡Mira, mamá! ¡Sin manos!

Los Celtics gastaron su último cartucho en el cuarto partido, cuando estuvieron a punto de igualar la eliminatoria si no fuera por un rebote perdido por McHale y un triple en el último segundo de Bird que no entró. Ah, y un ganchito de no sé quién. Larry Spriggs, creo. El año que ganó el MVP.

Los Celtics no volverían a una final de la NBA.


Hit the road, Jack, and don’t you come back
No more, no more, no more, no more.

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