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Clichés de la NBA: Los Boston Celtics y el envejecimiento

La Moviola


Revisemos un poco los principales movimientos de los Celtics desde 1986 a 1995, remontándonos un poco más en el caso de los rookies cuyos “efectos” cabría esperar que tardaran más en sentirse y en desaparecer. El último jugador importante elegido antes de 1986 es Danny Ainge, una segunda ronda de 1981 (McHale es de 1980, y Bird de 1978-79). Por curiosidad, la primera ronda del 81 fue un tal Charles Bradley, conocido en su casa a la hora de comer.



Draft:

1982: nº 23, Darren Tillis.
1983: nº 21, Greg Kite.
1984: nº 24, Michael Young. Rick Carlisle (3ª ronda).
1985: nº 20, Sam Vincent.
1986: nº 2, Len Bias.
1987: nº 22, Reggie Lewis. Brad Lohaus (2ª ronda).
1988: nº 24, Brian Shaw.
1989: nº 13, Michael Smith. Dino Radja (2ª ronda).
1990: nº 19, Dee Brown.
1991: nº 24, Rick Fox.
1992: nº 21, Jon Barry.
1993: nº 19, Acie Earl.
1994: nº 9, Eric Montross.

Tradicionalmente, las elecciones orgánicas de los Celtics no habían sido una herramienta decisiva para construir la plantilla debido a que normalmente eran demasiado bajas: de las 13 elecciones de primera ronda, sólo 3 están por encima del nº 19. Con esos materiales, tampoco se puede decir que lo hicieran tan mal: Reggie Lewis se convirtió en una estrella menor, y Shaw, Brown y Fox resultaron buenos jugadores complementarios. Dino Radja fue un hallazgo en segunda ronda, aunque fuera en una época en la que los europeos caían a puestos inmerecidamente bajos.

Por contra, son las elecciones altas las que resultan un fracaso: además del caso Bias, tanto Michael Smith como Eric Montross fueron sendas pifias solamente aliviadas por el futuro traspaso de Montross más una primera ronda a cambio de dos primeras rondas que resultaron ser Antoine Walker y Ron Mercer.

Además de eso, cabe destacar lo que podríamos calificar de “períodos de sequía”: las elecciones de 1982-85 no aportan prácticamente nada al equipo (y detrás viene la de 1986), y lo mismo pasa con las de 1992-94. El primer caso se maquilla por el altísimo nivel del quinteto titular en ese momento, aunque pasará factura cuando se eche de menos a algún joven saliendo del banquillo, pero los efectos de la segunda sequía serán más visibles dada la crisis del equipo.

Traspasos más destacados:

1988: Jerry Sichting y dinero a cambio de Jim Paxson.
1989: Danny Ainge y Brad Lohaus a cambio de Ed Pinckney y Joe Kleine.
1992: Brian Shaw a cambio de Sherman Douglas.
1994: Ed Pinckney y los derechos sobre Fetissov a cambio de Derek Strong y “Blue” Edwards.
1995: “Blue” Edwards a cambio de Jay Humphries y una segunda ronda.

Ésta es una de las áreas más polémicas. Resulta evidente que la mayor parte de los movimientos afectan a jugadores claramente secundarios o ya en la cuesta abajo de su carrera, y por tanto es lógico que apenas tuvieran efectos en el equipo. El traspaso de Shaw por Douglas no supone ni aumento ni descenso del nivel de la plantilla al ser jugadores de rendimiento similar, y la principal diferencia es que Douglas es un base puro mientras que Shaw es más combo-guard. Probablemente Sherman Douglas fue una pequeña decepción ya que no volvió a repetir el rendimiento que diera en Miami, pero lo mismo se podría decir de Brian Shaw, que no tuvo una carrera mala pero tampoco tan buena como se esperaba.

La excepción a esta norma es el traspaso ya mencionado de Ainge por Pinckney y Kleine. Sus efectos, sin embargo, resultaron decepcionantes: ni los recién llegados elevaron el nivel del juego interior de los Celtics de manera significativa, ni la falta de Ainge se dejó notar en el perímetro de Boston, ni tampoco Ainge tuvo luego una carrera superlativa que haga pensar que su marcha fue un error destacado. Los Celtics ampliaron un poco su rotación interior a costa de perder un poco de rotación exterior. Y nada más.

Agentes libres contratados:

1987: Fred Roberts.
1988: Kevin Gamble.
1989: John Bagley (traído a cambio de dos segundas rondas).
1992: Xavier McDaniel.
1994: Dominique Wilkins, David Wesley, Pervis Ellison.

Aquí, lo más notable es la ausencia de agentes libres destacados hasta entrada ya la década de los noventa, cuando llegan McDaniel y Wilkins. Sin embargo, su paso por la franquicia fue tan fugaz como para hacer pensar que los contrataron por horas, o quizás por obra y servicio.
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Duración media del llanto, tres minutos.


Incluso dejando aparte los profundos efectos emocionales y centrándonos sólo en lo deportivo, las ausencias de Reggie Lewis y Kevin McHale (por muy diferentes que fueran sus causas) resultaron una losa demasiado pesada para el equipo, y ni siquiera Chris Ford pudo hacer otro milagro más. También era la última temporada en la franquicia de Robert Parish, que se marcharía a Charlotte con rumbo a un último anillo con los Bulls.

A cambio, llegaron a la franquicia dos rookies: Dino Radja, drafteado hacía tiempo, y la primera ronda de este año, el macanudo Acie Earl.



Los resultados no fueron muy esperanzadores. Acie Earl, un 4-5 supuestamente físico, resultó un pufo de los pufos de toda la vida y terminó ganándose el pan en Filipinas o Taiwan. Dino Radja aportó puntos pero no victorias, y sin una estrella del calibre de Reggie Lewis para proporcionar una base el intento de repetir el baloncesto colectivo de la temporada anterior no tuvo el mismo éxito. Solamente se alcanzaron las 32 victorias y desde luego no se entró en playoffs.

En la temporada 94-95 se intentó enderezar el rumbo de la franquicia, aunque no con demasiado éxito. Ficharon como agente libre a Dominique Wilkins, en otra etapa de su vagabundeo post-hawks, y a otros jugadores menores como Blue Edwards, Derek Strong o Pervis Ellison. La gran esperanza de la franquicia era ese nº 9 del draft, con el que eligieron a toda una estrella universitaria como Eric Montross. Se esperaba que Montross fuera la presencia interior del equipo para el futuro, pero el resultado fue un fracaso tan gordo como el de Acie Earl.



Wilkins y un mejorado Radja hicieron estadística, pero apenas lograron que se reflejara en el balance del equipo. Aún así, las míseras 35 victorias acumuladas bastaron para entrar en playoff, donde por un breve instante parecieron estar en disposición de dar la sorpresa al robar el factor cancha en el segundo partido, antes de que los Orlando Magic se pusieran las pilas y les pasaran por encima 1-3 en el global.

Se acabó, y ahora de verdad. Ya no estaban ni Bird, ni McHale, ni Parish. Ni Wilkins ni McDaniels continuaron en la plantilla. Chris Ford dimitió al terminar la temporada, y el Boston Garden fue derruido para evitar seguir manchando su memoria.



King Kong.

Fue el final de los míticos Boston Celtics. Aún existiría una franquicia con el mismo nombre y los mismos colores, pero ya no sobre los mismos corazones ni bajo el mismo techo. Su parecido sería comparable a la remota semejanza entre el jamón deshuesado en bandejita de plástico y un buen serrano al corte. Los Celtics no volverían a ser un factor importante en la liga.

"I am just going outside and may be some time."



Pintaban bastos para los Celtics en el otoño de 1992 tras la retirada de Larry Bird. Para ocupar su puesto, los Celtics contrataron al agente libre Xavier McDaniel. El "X-Man" era un jugador intenso, un buen reboteador y un defensor durísimo, pero ni de lejos un jugador comparable a Bird, sobre todo en el aspecto ofensivo.



Para más inri, su elección de primera ronda esta temporada, Jon Barry, rechazó la oferta de los Celtics y aunque pasaron meses seguía sin firmar un contrato; nunca llegaría a debutar con los de Boston. Por si faltaba algo, apenas empezar Ed Pinckney se lesionó gravemente una rodilla y sería baja para toda la temporada, obligando al equipo a desempolvar al semi olvidado Joe Kleine. Con McHale y Parish convertidos en jugadores vulgares a estas alturas de sus carreras, los Celtics se plantaron en un descorazonador 2-8 que llevaba escrita la palabra "lotería".

No contaban con Chris Ford. Una vez más, Ford reconstruyó el equipo básicamente con palitos y barro, y salió adelante. Para completar la rotación, traspasaron los derechos sobre el "indomable" Barry a los Bucks a cambio del alapívot Alaa Abdelnaby. Aunque Abdelnaby nunca llegó a ser ni una sombra de lo que prometía, al menos de momento les hacía el avío desde el banquillo.



Con Reggie Lewis como único jugador destacado, Chris Ford aplicó un sistema de rotaciones con muchos jugadores, variando sensiblemente la política de temporadas anteriores. Dee Brown era el base rápido, alternándose como Sherman Douglas que era el base director; en las alas estaban Reggie Lewis, Kevin Gamble, Rick Fox y Xavier McDaniels; por dentro, Kevin McHale, Robert Parish, Alaa Abdelnaby y Joe Kleine. Soprendentemente, los Celtics levantaron el vuelo una vez más, alcanzaron unas inesperadas 48 victorias y, aunque no lograron revalidar el título de división, se plantaron en playoff ante los Hornets de Johnson y Mourning con ventaja de cancha.

Los Celtics ganaron el primer partido cómodamente, 112-101. No es eso lo que se recuerda de esa noche, sin embargo: de camino hacia otro magnífico partido, Reggie Lewis sufrió un colapso repentino y se desplomó sobre la cancha. Llevado a toda prisa a un hospital, se le diagnosticó una arritmia de origen desconocido, y de momento se le prohibió volver a jugar en lo que quedara de playoffs.

Sin Lewis los Celtics eran otro equipo; a pesar de pelear hasta el final de la segunda prórroga, los Celtics perdieron el factor cancha 98-99. El tercer partido fue aún peor, una humillante paliza 119-89. La serie finalizó en el cuarto partido, que los Hornets parecían tener en su mano ganando de 20 al empezar el último cuarto pero que después de una ferocísima remontada de los Celtics se decidió en una famosa canasta en suspensión de Alonzo Mourning sobre la bocina, 104-103 Charlotte.

¿Quién se acuerda hoy de eso? Apenas un par de meses después, Reggie Lewis se estaba tirando unas canastitas con un amigo cuando sufrió una parada cardíaca que no pudo remontar. Defecto congénito o consumo oculto de drogas, qué más da. Era joven, era uno de los nuestros y había muerto.

quote:
The real tragedy is that right now we should be sitting around saying, 'Reggie has a pacemaker and can't play basketball, and that's really sad.' Instead, we have to sit and mourn him.
Kevin McHale




Y Kevin McHale anunció su retirada. A veces me parece que el final de los 80 y principios de los 90 es poco más que un desfile de aleros de los Celtics saliendo por la puerta antes de tiempo. Y dando gracias cuando es sólo por una lesión crónica.

The Flight of the Phoenix


Disponible, chicas.


La breve resurrección experimentada bajo Chris Ford había traído nuevas esperanzas a los Celtics el verano de 1991, y el nuevo GM Dave Gavitt (recientemente “inducido” a entrar en el Hall of Fame) hablaba de intentar ganar un último anillo con los Big Three. Es cierto que Larry Bird se había perdido buena parte de la segunda vuelta con molestas de espalda, pero al fin había aceptado lo inevitable y la cirugía a la que se sometió ofrecía buenas perspectivas, al igual que sucedía con Kevin McHale y su operación de tobillo. Además, habían drafteado al escolta-alero Rick Fox procedente de North Carolina para ampliar la rotación de aleros y descargarles de trabajo y minutos.



Las cosas no salieron exactamente así. Que Larry Bird empezaría la temporada de baja estaba ya asumido por los responsables de la franquicia, pero se encontraron con que además de que Kevin McHale volvió a resentirse de sus problemas crónicos de tobillo y aunque forzó para jugar lo hizo muy disminuido, con que Dee Brown hubo de sufrir una artroscopia de rodilla y Brian Shaw se lesionó en el pubis. Encima, Kevin Gamble estaba sumido en una dura negociación contractual, y no firmó hasta un par de días antes del comienzo de la liga, con lo que se perdió todo el training camp.

Los Celtics se vieron obligados a repescar al veterano John Bagley y a contratar temporalmente a jugadores acabados como Rickey Green y a medianías irredentas como Kevin Pritchard o Larry Robinson para empezar la temporada.

No fue un buen presagio, desde luego, pero sí muy correcto. Las esperanzas puestas en la cirugía se vinieron estrepitosamente abajo, y la espalda de Bird se deterioró rápidamente hasta alcanzar su peor aspecto. Kevin McHale también se perdió media temporada debido a constantes problemas en su tobillo operado, y cuando jugó lo hizo sensiblemente disminuido. Brian Shaw entraba y salía de la lista de lesionados sin llegar a recuperarse del todo, John Bagley no estaba para ser titular y el equipo quedó en manos del veteranísimo Parish más los jóvenes Lewis y Gamble. El banquillo se reducía al rookie Fox y a Ed Pinckney. A pesar de que de algún modo Chris Ford logró mantener la cohesión del equipo, con Bird, McHale, Shaw y Brown entrando y saliendo de la enfermería la temporada se estaba desmoronando a ojos vista. Los Celtics necesitaban a un base que estuviera sano y fuera mejor que Bagley.

Muy lejos de allí, los Miami Heat estaban pasando su particular via crucis en la posición de base: procedente de segunda ronda, el general Sherman Douglas había jugado dos temporadas esplendorosas en el joven equipo de Florida, pero sus intentos por conseguir una notable mejora salarial se habían convertido en una pugna que duraba ya meses. Douglas no firmó su nuevo contrato hasta mitad de temporada, y para entonces sus relaciones con la franquicia, el entrenador y sus compañeros (específicamente el que fuera su “mejor amigo en el equipo”, Rony Seikaly) se habían deteriorado dramáticamente. Atraídos por los 18 puntos y 9 asistencias promediados el año anterior, los Boston Celtics traspasaron a Brian Shaw a cambio de Sherman Douglas.



No se puede decir que el traspaso levantara la temporada, pero sí que les permitió bandear las ausencias y lesiones para terminar con unas muy estimables 51 victorias y revalidar el título de División. Los playoffs, sin embargo, fueron otra historia: Larry Bird estaba muy disminuido y apenas pudo jugar la mitad de los partidos y promediar unos tristes 11 ppg; Chris Ford volvió a contraer la rotación a seis jugadores (Bagley, Gamble, Lewis, McHale, Parish, Pinckney) y, a pesar de superar de nuevo a los Pacers en primera ronda con cierta comodidad, cayeron 4-3 contra los Cavaliers en una eliminatoria decidida cuando los Cavs lograron una apuradísima victoria casi sobre la bocina 114-112 en el Boston Garden.

quote:
On August 18, 1992, I announced my retirement from the Boston Celtics. It was one of the happiest days of my life.

You have to understand how screwed up my back was at that point. I had been playing through back problems for almost ten years, and I just couldn't take it anymore. The pain was relentless. No matter what I did-whether I was standing up, sitting down, lying down, leaning over-I couldn't escape it. It had completely taken over my life. There were some days I couldn't even bend over to pick up a basketball, never mind try to shoot one. Some nights, I had to eat dinner sitting on the floor. Even lifting up my son, Conner, hurt so much that I had to stop doing it.

Larry Bird


La decisión estaba tomada desde aproximadamente la fecha del All Star, aunque Larry Bird quiso esperar a después de Barcelona’92 para anunciarlo. El Pájaro se había retirado.



¿Dónde hay un reloj de cuerda cuando lo necesitas?

Enter… The Ford!



La temporada 90-91 supuso una renovación del equipo más profunda que en años anteriores. Jimmy Rodgers pagó el precio de la debacle de playoffs y fue sustituido por otro “Celtic man” de alcurnia como Chris Ford; sobre todo, se hizo una limpia del perímetro del equipo casi total: Dennis Johnson se retiró, John Bagley fue cortado a pesar de su contrato de medio kilo al año hasta el 2004, Jim Paxson no fue renovado, y Charles Smith atropelló a dos alumnas de la Boston University en un semáforo, se dio a la fuga y terminó cumpliendo cuatro años de cárcel. Debe de ser duro ser bajito.

Para reemplazarlos se produjo el retorno del hijo pródigo Brian Shaw, más el rookie de este año: Dee Brown, un base más anotador que pasador y desde luego más saltarín que defensor. El “veterano acabado del año” fue Derek Smith, otrora reconvertido con éxito de alapívot a escolta-alero antes de destrozarse la rodilla. Deportivamente, la única incorporación relevante fue la de Brown, pero es inevitable reseñar la llegada de Stojko Vrankovic, el taponador taponado. Llegó (cabe imaginar que con la bendición de don Pedro Ferrándiz) a aportar tapones y rebotes defensivos, pero su papel fue plenamente marginal.


Digamos que no he encontrado otra foto de Vrankovic, ¿OK?

Con tan escasas aportaciones y el obstinado envejecimiento de los “Big Three”, cabría esperar otro año de quiero y no puedo alargando en declive de la franquicia, pero no ocurrió ello sino algo muy diferente. Chris Ford cambió el enfoque de la franquicia, aprovechando la llegada de Shaw y Brown para imprimir una mayor velocidad al juego; incluso optó por la revolucionaria decisión de retirar a Ed Pinckney a pesar de mantener a McHale como sexto hombre: considerando que el puesto ideal de Reggie Lewis era el de “tres” y no el de “dos”, puso a Kevin Gamble de escolta y a Larry Bird de “cuatro” titular. A pesar de los riesgos inherentes a este planteamiento, los resultados fueron más que notables: Kevin Gamble exhibió un rendimiento más que notable, se reconquistó el título de División que a estas alturas parecía poco menos que defendido por templarios en alguna gruta, y se entró en playoffs con el factor cancha a favor.

El playoff, sin embargo, estuvo a punto de renovar viejos miedos: la rotación volvió a acortarse a seis jugadores, Gamble desapareció virtualmente de la cancha y los Pacers de Chuck Person y Reggie Miller estuvieron a punto de dar la sorpresa y volver enviar a los Celtics a casa antes de lo esperado. Se logró salvar el escollo con dificultad, pero en segunda ronda los Pistons lograron romper el factor cancha y plantarse en aquella famosa final de conferencia contra los Bulls por delante de unos Celtics a los que simplemente se les acabó la gasolina.
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¿Cuántos ceros tienen un millón de dólares en liras?


Los Celtics afrontaban la temporada 89-90 con ciertas esperanzas de recuperar al menos parte del brillo perdido. Larry Bird estaba recuperado, y por fin tenían esa rotación tan anhelada a pesar de perder a Mark Acres en el draft de expansión de los Orlando Magic. A cambio llegó al equipo procedente de la primera ronda del draft el tirador de BYU Michael Smith, de cuya carrera NBA solamente se recuerda que siempre lo elegían para las entrevistas los corresponsales españoles gracias a su domino del idioma producto del clásico viaje misionero a América del Sur, y que luego paseó su obsesión estadística por la ACB. En segunda ronda draftearon a Dino Radja, aunque aún faltaban años para que diera el salto.

Esta vez el golpe vino de donde menos se esperaba: no fueron sobredosis ni lesiones, sino las megaliras del Il Messagero que llamaron a la puerta de Brian Shaw para que formara pareja con Danny Ferry en aquella especie de SuperAkasvayu que intentó cumplir el sueño desarbolado de una especie de Jesús Gil italiano y baloncestístico. Su marcha resultó particularmente dolorosa porque desnudaba todas las carencias del perímetro de los Celtics; Brian Shaw era un combo-guard que había demostrado jugar mejor de “dos” que de “uno”, pero la vuelta de Bird sin duda habría aliviado las carencias de manejo de balón del equipo. Ahora se encontraban empezando la temporada con un Dennis Johnson que acababa de anunciar que ésta sería su última temporada, un Reggie Lewis que era más “tres” que “dos”, y saliendo desde el banquillo a Paxson, Gamble y Upshaw (ninguno de los cuales era base).

Una vez más (y ya van…), los Celtics tuvieron que lanzarse a la tumba abierta de la free agency y de los traspasos de baratillo. Contrataron al ex mundialista Charles Smith (el de Georgetown; vamos, el bajito) y trajeron al antiestético veterano John “rodillas” Bagley a cambio de dos segundas rondas, en el hueco dejado por el pobre Kelvin Upshaw, que vio terminados sus quince minutos de fama.



Además del retorno de Bird y la marcha de Shaw, la otra noticia de la temporada fue el retorno de McHale al rol de sexto hombre, dejando su puesto en el quinteto titular a Ed Pinckney. La rotación quedaba pues como Johnson – Lewis – Bird – Pinckney – Parish, con Bagley, Paxson, Gamble, McHale y Kleine desde el banquillo. Los resultados fueron mejores de lo que cabría esperar considerando los problemas de la plantilla (aunque decepcionantes si atendemos al tan publicitado “retorno de los tres grandes”, que obviaba la edad y las lesiones): sumaron más de 50 victorias, compitieron por el título de división hasta casi el último partido, y entraron en playoffs con buenas expectativas.

El arranque no pudo tener mejores auspicios, ya que los Celtics adquirieron una ventaja de 2-0 después de una histórica paliza 157-128 a unos Knicks que parecían en caída libre. Pronto cambiaron las tornas, sin embargo, y liderados por Pat Ewing los Knicks aplicaron un estilo de juego más rápido que desnudó las carencias de los Celtics, expuso su envejecimiento, su falta de banquillo y sus problemas de backcourt, y los sometió a la humillación de perder tres partidos seguidos para ser eliminados en su propia cancha. Todo lo que parecían haber avanzado durante la temporada lo volvieron a retroceder en apenas cuatro días. Aparte de los veteranos, solamente Reggie Lewis jugó a buen nivel en los playoffs; la necesidad de una reforma profunda se hizo más evidente que nunca.

La Primera Baja

Para muchos de nosotros, los Celtics de la temporada 88-89 evocan el Open McDonalds, donde además de contemplar cómo un juego interior NBA aplastaba a la selección yugoslava y al Real Madrid de Pep Cargol, tuvimos nuestra primera experiencia directa con una plantilla NBA en pretemporada. Casi veinte jugadores, la mayoría con esa carita de ilusión que da comer caliente varios días seguidos; uno de ellos era el ínclito Ramón Rivas, que logró completar la temporada con los Celtics a pesar de los negros vaticinios de los comentaristas españoles ante su evidente falta de acoplamiento (subestimaron la angustiosa necesidad de pulgadas y onzas de los de Boston).

Se suponía que uno de los principales objetivos del nuevo entrenador de los Celtics iba a ser darle minutos a los jóvenes (a los que se había unido el rookie de esta temporada, Brian Shaw), sobre todo después de perder a Fred Roberts en el draft de expansión. No sabían la razón que tenían: apenas comenzada la temporada, Larry Bird tuvo que admitir que no podía seguir soportando el dolor de sus tendones de aquiles. Desde la lesión, se le habían ido acumulando depósitos de calcio que eventualmente hubo que operar en ambos pies, y eso supuso que su temporada se terminara nada más empezar.

Inicialmente se pensó en Brad Lohaus para sustituirlo, ya que por alguna extraña razón la imagen de un siete pies tirando en suspensión tenía obnubilada a media NBA (recordemos el caso muy similar de Brad Sellers vs Scottie Pippen); pronto se hizo evidente, sin embargo, que Reggie Lewis era muchísimo mejor apuesta, su rendimiento fue magnífico y se terminó revelando como la mejor noticia de la temporada de estos Celtics. Y menos mal, porque Lohaus y Acres fueron sendas decepciones tamaño natural. Brian Shaw jugó razonablemente bien, aunque el equipo seguía funcionando mejor con Dennis Johnson, pero todo eso sumado a una gran temporada de Robert Parish no bastaba para compensar la baja de Bird, el pobre rendimiento de Paxson y el inicio del declive de Kevin McHale. Para colmo, a Rodgers se le ocurrió experimentar con Danny Ainge como sexto hombre, y el resultado no fue precisamente esperanzador.



En resumen, el intento de ampliar la rotación había fracasado y se reducía a siete jugadores: DJ – Shaw – Lewis – McHale – Parish como titulares, y Ainge y Lohaus como suplentes. Una vez más necesitaban más jugadores, y una vez más tiraron de agentes libres semidesconocidos como Kevin Gamble (a veces creo que decidieron jugársela contratándolo sólo por el apellido; es como si te encuentras con un pívot suplente llamado Mike Tendaycontract), o de veteranísimos a las puertas de la retirada como Otis Birdsong. Definitivamente, los elegían por el apellido. Cuando tu mejor fichaje de la temporada es un sorprendente Kelvin Upshaw, es hora de darte por vencido y buscar un traspaso. Los Celtics rompieron el núcleo.

La decisión de traspasar a Danny Ainge y Brad Lohaus a los Sacramento Kings a cambio de Ed Pinckney y Joe Kleine debiera ser el momento más discutido de esta etapa de la franquicia, y sin embargo apenas ha recibido atención.



A priori, el traspaso tenía varios puntos muy favorables para los Celtics: no rompían el núcleo de los “big three”, traspasaban al más prescindible y, a cambio de un escolta de 29 años y un alero que no llegaba a cuajar recibían a dos jugadores interiores aún jóvenes. Ni Kleine ni Pinckney habían dado en profesionales el altísimo nivel ofrecido en universidad, pero sí habían dejado suficientes pinceladas como para que fuera razonable suponer que un cambio de aires a una estructura de equipo más eficaz pudiera extraer lo mejor de ellos. La principal crítica que cabe hacerle es que en realidad no se trataba más que del enésimo parche, a la espera de que la recuperación de Larry permitiera volver al esquema de siempre, con Bird-McHale-Parish decidiendo y los demás echando una manita.

Como todos sabréis, no funcionó. A pesar de anotar unos esperanzadores 20 puntos en una noche de Cerca de las Estrellas con Parish lesionado, Joe Kleine prontó se estableció como nada más que un pívot suplente de los de 10-15 minutos por partido con buena muñeca. Ed Pinckney rindió un poco más sobre todo en defensa y rebotes, pero la capacidad de anotación que evidenciara en Villanova fue quedando en el olvido, y reduciéndolo al papel de buen hombre interior de rotación aportando dureza y poco más. Al final, el resultado dio la razón a los detractores del traspaso: los Celtics habían logrado ampliar su rotación, pero no solucionar ninguno de sus problemas estructurales, cada vez más angustiosos.

Los Celtics lograron aguantar una pulgada por encima del 50% y entrar en playoffs aunque fuera por la puerta de atrás, pero el intento de Larry Bird de inspirar otra jornada épica entre sus compañeros anunciando que si lograban alcanzar la segunda ronda él estaría recuperado para jugar no funcionó: los Pistons estaban ahora no ya un escalón sino todo un tramo de escaleras por encima, y se deshicieron de los Celtics con un cómodo 3-0 sin apenas esfuerzo.
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Una Serie de Catastróficas Desdichas




What a difference
a day makes...


No es necesario describir las causas y circunstancias de la muerte de Len Bias menos de 48 horas después de ser elegido como nº 2 del draft por los Boston Celtics, pero sí que cabe analizar los efectos a corto y largo plazo de su desaparición (bueno, no desapareció que lo enterraron, pero ya me entendéis).

A corto plazo, los Celtics perdieron a un jugador que hubiera sido fundamental en su rotación interior. Aparte de apuntalar el único punto débil del equipo (la falta de velocidad), las bajas de Wedman y Walton hubieran podido ser compensadas recurriendo a los clásicos trucos de poner a Bird como “cuatro” y/o a McHale como “cinco” metiendo a Bias de “tres”, para así poder dar descanso a cualquiera de los tres titulares del frontcourt sin tener que tirar de merluzos como Fred Roberts o Greg Kite. A largo plazo, hubiera permitido compensar la estructura de los Celtics, con dos superveteranos (DJ, Parish), dos veteranos (Bird, McHale), uno en su mejor edad (Ainge), y una joven promesa (Bias). Sólo con añadir a algún otro joven prometedor (Brian Shaw, por ejemplo), ya hubieran tenido un relevo generacional razonable para asegurar al menos seguir siendo competitivos hasta la retirada de los Bird y McHale. What if.

Para colmo, no fue la única desgracia de la temporada. No, señor. Ni hablar de ello. No fue eso, sino algo muy diferente de lo anterior.

Después de un año a gran nivel, Bill Walton volvió a lesionarse. Haciendo bicicleta estática. No del pie malo, ojo, sino del pie bueno. Uno se imagina que fue seguramente un caso de compensación, de haber estado favoreciendo el otro pie durante demasiado tiempo y tal, pero tampoco puedo quitarme la sensación de que es el tipo de cosas que solamente te pasan en una temporada como ésta: Walton lesionándose el pie bueno en la ciclostatic. No fue el único: Scotty Wedman empezó la temporada en la lista de lesionados después de tener que operarse el talón izquierdo. Intentó volver a mitad de año, pero no pudo soportar el dolor y tuvo que volver a operarse, esta vez de los dos talones. Fue la última temporada en activo para ambos jugadores, que fueran fundamentales en el título conquistado solamente unos meses antes.



Por si fuera poco, tampoco los demás estuvieron precisamente al 100%. Kevin McHale sufrió su famosa rotura de un hueso del pie contra los Suns, y para cuando llegaron los playoffs también se había torcido el otro tobillo. Lo mismo que Parish, que además se perdió un partido de la final de conferencia por sanción (inolvidable ese “sigan, sigan”) mientras Danny Ainge sufría los efectos de un virus y de una torcedura de tobillo. Dennis Johnson bien, gracias.

Ante semejante panorama, la gerencia de los Celtics se lanzó a intentar conseguir al menos a un par de fulanos capaces de tenerse en pie para poder juntar al menos una rotación. Trajeron a Fred Roberts de los Jazz a cambio de una tercera ronda del draft, lo cual puede calificarse de robo, y ficharon a los agentes libres Darren Daye (nunca supe por qué lo cortaron los Bulls, en los Bullets jugó bien) y Conner Henry. Henry no pasó de ocupar el puesto de Carlisle como tirador blanquito agitatoallas al fondo del banquillo, pero Roberts y Daye se convirtieron en buenos elementos de rotación para estos limitadísimos Celtics, gracias a los bloqueos y rebotes del primero y a la anotación desde el banquillo del segundo.


Fred Roberts es el de abajo.

KC Jones optó por comprimir su rotación al máximo, exprimiendo a los titulares y usando casi exclusivamente a Sichting como relevo mientras que Daye, Roberts y Kite solamente salían si no quedaba ningún remedio. Aún así, con el brillante comienzo de Bird y sobre todo la inmensa temporada de Kevin McHale, inconmensurable hasta su lesión, los Celtics sumaron 59 victorias a pesar de sus crecientes problemas lejos del Garden, y revalidaron su título de división. Bill Walton retornó para playoffs y fue fundamental en la barrida 3-0 de los Bulls, pero justamente después de su mejor actuación, en ese tercer partido, volvió a resentirse de la lesión y prácticamente no volvió a jugar.



Sin él, los Celtics sufrieron mucho contra unos correosos Milwaukee Bucks que llegaron al séptimo partido antes de darse por vencidos. Y en final de conferencia les esperaban los Pistons. Creo que no es necesario recordar todos los detalles de una de las series de playoff que dejaron imagen más profunda en el baloncesto de su época: el robo de Larry Bird, el KO de Laimbeer a manos de Parish, el robo de Larry Bird, la polémica por las declaraciones de Dennis Rodman y Isiah Thomas, y sobre todo el robo de Larry Bird. ¿He mencionado ya un robo de no sé quién? Pues eso.

La final tuvo menos historia: los Lakers estaban ahora un peldaño por encima, y superaron cómodamente a los Celtics los dos primeros partidos en casa. Solamente un esfuerzo sobrehumano permitió a los de Boston ganar el tercero, y me refiero al esfuerzo sobrehumano que tuvo que hacer KC Jones para poner en cancha a Greg Kite en minutos importantes.


¡Mira, mamá! ¡Sin manos!

Los Celtics gastaron su último cartucho en el cuarto partido, cuando estuvieron a punto de igualar la eliminatoria si no fuera por un rebote perdido por McHale y un triple en el último segundo de Bird que no entró. Ah, y un ganchito de no sé quién. Larry Spriggs, creo. El año que ganó el MVP.

Los Celtics no volverían a una final de la NBA.


Hit the road, Jack, and don’t you come back
No more, no more, no more, no more.
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