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Los playoffs contra los Celtics

A pesar de la inmensa diferencia de “currículum” entre ambas franquicias, era bien conocida la animosidad secular existente entre Knicks y Celtics. Hasta tal punto, que en el caso de éstos se extendía a toda la ciudad, y salvo imposibilidad manifiesta se negaban a hacer noche en New York sino que salían escopeteados rumbo a casa apenas terminar el partido. Más aún considerando el enfrentamiento público que los respectivos entrenadores habían mantenido a través de los medios de prensa, y este año en concreto con el picante añadido de la pugna en pretemporada por los servicios de Kevin McHale y la agresiva respuesta de la gerencia de Boston. Ya no hay rivalidades como las de antes, ¿eh?

Los Boston Celtics comenzaron tomando una cómoda ventaja inicial al ganar los dos partidos en casa, 110-92 y 116-102. Larry Bird se encontraba en un gran momento de forma (37 puntos en el segundo partido), y New York descubrió lo que estaba descubriendo toda la liga: en los papeles, Kevin McHale podía ser el Mejor Sexto Hombre de la temporada; en el parqué, era el jugador más imparable de los Celtics y su auténtica espina dorsal. Con sólo un día de descanso después de la eliminatoria contra Pistons, Hubie Brown había intentado dar un impulso extra al equipo insertando a Trent Tucker en el titular por delante del ineficaz Ray Williams, pero los resultados fueron decepcionantes: ninguno de los dos tuvo un rendimiento destacable, “Truck” Robinson siguió desaparecido en la anotación y la magnífica defensa de Cedric Maxwell y McHale dejó a Bernard King en unos veinte puntos por partido, la mitad que ante Detroit.

De vuelta en el Madison, Maxwell y McHale se dedicaron al trash-talking ante la prensa local: según McHale, venían a “terminar de enterrar a los Knicks”, mientras que Maxwell anunciaba que “nadie me mete a mí cuarenta puntos”.

Cuarenta y tres, para ser exactos, aunque eso sería más tarde. Primero, al fin Ray Williams dio la de cal y jugó a su nivel en ataque y defensa (sobre Bird, nada menos) para conseguir la victoria por 100-92 para intentar insuflar un hálito de vida y esperanza a la eliminatoria. Tirando con las palmas de las manos y yendo a canasta para ser derribado una y otra vez, Bernard King lideró a los Knicks con los mencionados 43 puntos dos días después a empatar 2-2 tras derrotar a los Celtics 118-113, en un partido jugado como una miniatura de toda la serie: unos eran incapaces de frenar a Larry Bird y a Kevin McHale, y los otros no podían con Bernard King. Cedric Maxwell, Kevin McHale, Larry Bird, Scott Wedman e incluso M.L. Carr se fueron rotando sobre un Bernard King inconmensurable en la segunda parte que con la ayuda de Darrell Walker en el rebote ofensivo, arrasó con todo y dejó las espadas en alto para la vuelta a Boston. En la rueda de prensa después del cuarto partido, Hubie Brown fingió no haberse enterado de que King había superado los cuarenta puntos: “¿Cómo? Pero ¿no habían dicho que eso era imposible?”.

El quinto partido fue un paseo militar de los Celtics, 121-99, y lo único destacable fue la “montonera” al final del tercer cuarto: con el partido prácticamente decidido, Darrell Walker y Danny Ainge se liaron a guantazos, y pocos segundos después ambos equipos estaban apilados en un amistoso intercambio de opiniones. Teóricamente deberían haber expulsado a todos los implicados, pero eso hubiera supuesto dejar solamente a Bill Cartwright y a Eric Fernsten en cancha, así que los árbitros optaron por expulsar solamente a Walker y Ainge y seguir como si nada hubiera ocurrido. Ni siquiera fueron sancionados con ninguna suspensión, y la liga saldó el tema con un generoso reparto de multas.

La serie se había estabilizado en un patrón claro: cuando los Celtics conseguían correr, ganaban de calle; cuando los Knicks conseguían jugar su ritmo pachorra, se llevaban la victoria. En todos los partidos, el equipo que anotó la primera canasta se llevó la victoria; en cinco partidos un equipo fue por delante desde el primer minuto hasta el último; sólo hubo cuatro cambios en el liderazgo en el marcador en toda la eliminatoria.

Así sucedió el sexto partido, a pesar de terminar con susto: Bernard King volvió a superar la barrera de los cuarenta puntos (44, para ser exactos), y los Knicks se plantaron con 13 puntos de ventaja a falta de tres minutos y medio aprovechando la ausencia de Dennis Johnson por una lesión en el hombro. Pero los Celtics montaron otra de sus remontadas patentadas y a punto estuvieron de llevarse el partido antes de que el equipo local lograra salvar los muebles a lo justo, 106-104.

La gasolina, sin embargo, no dio para más. El séptimo partido fue otra paliza inmisericorde, igual que todos los jugados en el Boston Garden esta eliminatoria. Larry Bird estuvo en otro plano cósmico, sumando un triple-doble con 39 puntos, 12 rebotes y 10 asistencias. Y no estaba solo: Dennis Johnson demostró estar recuperado al anotar siete puntos en los tres primeros minutos y terminar con 21 puntos y 6 asistencias, y Robert Parish se fue a los 22 puntos y 11 rebotes (10/14 en tiros de campo). Mientras, Bernard King no lograba escapar de la defensa de Maxwell: sólo anotó dos tiros libres en el primer cuarto, en el que los Celtics tuvieron un 56% de tiro frente al 37% de los Knicks. King solamente anotó 9 puntos en la primera mitad con 2/9 en tiros, y solamente al final pudo maquillar estadísticas para terminar con 24 puntos. Con Ray Williams desaparecido una vez más, sólo Rory Sparrow y “Truck” Robinson intentaron mantener el tipo; fue el único buen partido de Robinson en playoffs, con 16 puntos y 9 rebotes sumados en su mayoría al principio, cuando aún había partido.

Aún así, solamente pudieron empatar el partido 20-20; de ahí en adelante Larry Bird se hizo dueño y señor con un parcial de 16-6 que dejó la contienda zanjada justo al terminar el primer cuarto. Para culminar una eliminatoria presidida por las controversias, los cánticos obscenos y los insultos entre ambos equipos, antes de empezar el segundo cuarto la megafonía del Garden anunció: “Rogamos al conductor del autobús de los Knicks se presente en la salida Este, por favor”.

La eliminatoria había terminado, pero más allá de las burlas y los insultos los Knicks habían logrado inspirar un nuevo tipo de respeto. Larry Bird declararía posteriormente que lo mejor de ese partido fue la certeza de no tener que volver a enfrentarse a Bernard King en lo que quedaba de temporada, después de lo que calificó la mayor exhibición ofensiva en una ronda de playoffs que había visto.

Fue su momento de gloria.
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