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Mis Fantasmas Favoritos

Antecedentes

quote:
La piedad y la lealtad no te abandonen; átalas a tu cuello, escríbelas en la tablilla de tu corazón. Así hallarás favor y buena acogida a los ojos de Dios y de los hombres.
(Proverbios, 3:3-4)


Quizás el rasgo más evidente y distintivo de los Utah Jazz sea la lealtad, la persistencia en un proyecto: mirando las sucesivas plantillas, resulta imposible no notar la abundancia de jugadores cuya carrera completa se desarrolla en Utah (Stockton, Eaton, Griffith), o que solamente cubren breves etapas en otros equipos (Bailey, Green), normalmente al final de sus carreras (Malone, Hansen). Todo ello salpimentado, desde luego, por una colección de jugadores con tanto talento como mala cabeza que aportan ese punto picante que evita el sopor (Dantley, Tripucka, Morris). Por no hablar de que sólo han tenido tres entrenadores en 25 años, dos de los cuales siguen en la franquicia.

Los Jazz llegan a Utah para la temporada 1979-1980. Venían de fracasar lamentablemente en New Orleans, donde a pesar de contar con jugadores como “Pistol” Maravich, Spencer Haywood o “Truck” Robinson (o Lucy Harris), no habían logrado acercarse ni al 50% de victorias, ni al 50% de asistencia al pabellón. Agobiados por unos costes astronómicos, los propietarios decidieron trasladar la franquicia a otra ciudad.

La elegida fue Salt Lake City, y el resultado un desastre. Habían elegido a Utah por una cuestión simplemente demográfica, pero la ciudad no abrazó a ese equipo de trotamundos que según todos los analistas estaba solamente de paso para ganar unos cuantos billetes antes de irse a otra ciudad. La ciudad aún recordaba a los caídos Stars de la ABA, y la decisión de la franquicia de mantener el logotipo, nombre y colores de Nueva Orleans (a pesar de haber celebrado el típico concurso popular para elegir otros nuevos) no fue precisamente de ayuda. El retraso de la liga en aprobar el traslado fue otro obstáculo, ya que apenas les dejó tiempo para hacer una campaña de promoción medio qué. La contratación de Tom Nissalke (ex entrenador de los Utah Stars, y Entrenador del Año en NBA y ABA) no sirvió para mucho más que certificar el dato curioso de que ninguna franquicia ha pasado por una etapa realmente mala si no la ha entrenado Nissalke. No es que el pobre fuera malo, es que lo ponían en todos los marrones.


Un vendedor de coches de segunda mano, ayer.

La anécdota más conocida de Nissalke se produjo en su debut en la NBA como entrenador de los Rockets, cuando un periodista le preguntó cómo se pronunciaba su nombre. “Tom”, respondió muy serio.

Para acabarlo de empatar, los Jazz le acababan de regalar a “Magic” Johnson a los Lakers. ¿Recuerdas cuando Cleveland les regaló a James Worthy? Pues tres cuartos de lo mismo: en 1976, los New Orleans Jazz ficharon al agente libre Gail Goodrich; entonces, fichar a un agente libre conllevaba la obligación de compensar a su anterior equipo (el Comisionado decidía la compensación correspondiente según el valor percibido del jugador), y el resultado fue que los Jazz mandaron tres primeras rondas y una segunda a Lakers a cambio de una primera y una segunda ronda de éstos. Goodrich jugó tres años mediocres en los Jazz y se retiró antes de venirse a Utah, y los Lakers consiguieron a “Magic” Johnson. Todos contentos, más o menos.

Frank Layden



La buena noticia para la franquicia de los Utah Jazz fue la llegada en 1979 de Frank Layden como mánager general. Layden venía de ser asistente de Hubie Brown (su antiguo compañero de habitación en la universidad) en Atlanta, y los Jazz estaban tan desesperados que le ofrecieron el puesto de entrenador o el de GM. Layden fue lo suficientemente astuto como para elegir el trabajo que ofrecía más garantías de supervivencia, y no se hizo cargo del puesto de entrenador hasta dos temporadas después.

Layden se lanzó a la reconstrucción de la franquicia inmediatamente, ya que la situación era angustiosa. Su primer gran éxito fue el traspaso del problemático Spencer Haywood a Lakers a cambio de Adrian Dantley; Dantley había demostrado maneras en Los Angeles, pero la presencia de Jamaal Wilkes le cerraba la titularidad. En Utah, Dantley se convirtió en una de las estrellas anotadoras de la liga, y en el jugador-franquicia de estos primeros años.



Otros movimientos de este primer año, sin embargo, no fueron tan exitosos: Pete “Pistol” Maravich se negó a continuar en el equipo, y hubo de ser cortado para que terminara su carrera en Boston; Bernard King, venido de los Nets a cambio del pívot Rich Kelley, fue detenido en Nochevieja acusado de delitos sexuales y, tras pasar por una clínica de desintoxicación de drogas, hubo de ser traspasado a los Warriors a cambio de Wayne Cooper; Terry Furlow se mató al estrellarse con su coche y la autopsia le encontró cocaína en la sangre. Eran los ochenta.



La segunda pieza de los Jazz que ya conocemos llegó en el nº 2 del draft de 1980: Darrell Griffith, procedente de los “Doctors of Dunk” de los Cardinals de Denny Crum y feliz poseedor del que probablemente sea el apodo más chulo de la historia de la NBA: “Dr Dunkenstein” (supongo que explica mucho de Salt Lake City que su apodo en profesionales pasara a ser un patético “Golden Griff”).


The Doctor is in.

Otros dos jugadores llegaron como agentes libres: quizás el nombre de Jeff Wilkins no sea hoy muy conocido, pero fue el ala-pívot titular de la franquicia antes de la llegada de Karl Malone, un jugador correcto y sobrio sin llegar a destacar. Rickey Green, sin embargo, sí es más conocido. Green fue una estrella universitaria drafteada muy alto por los Warriors pero que no demostró demasiado y terminó en la CBA. Los Jazz lo rescataron para convertirlo en All Star de la NBA, y en el base que sería titular por delante de Stockton en sus primeros años.


No es un efecto, la camiseta es verde.

A pesar de ello, y de la llegada de Frank Layden al banquillo, los problemas estaban lejos de desaparecer. Dentro de la cancha, el equipo no llegaba a las 30 victorias. Fuera de la cancha, Bill Robinzine puso en marcha su coche dentro de un garaje, dejó de luchar y por fin pudo dormir, para convertirse en el segundo jugador de los Utah Jazz en tres temporadas muerto prematuramente (aunque técnicamente Robinzine ya no estaba bajo contrato).



La situación alcanzó su nivel más penoso en la temporada 1982-83. Los Jazz habían drafteado a Dominique Wilkins, pero no pudieron retenerlo. A los de Utah les gusta contar la historia de que Wilkins se negó a jugar en Salt Lake City, culminando con una llamada de un ‘Nique ya al final de su carrera suplicándole una oportunidad a Frank Layden, y recibiendo de éste su merecido en forma de carcajadas. La realidad, sin embargo, no es tan prosaica: los Jazz no tenían dinero siquiera para empezar la temporada, y si no eran capaces de hacer los pagos iniciales la liga exigiría la venta de la franquicia a otros propietarios más solventes, y el traslado del equipo. Layden no tuvo más remedio que vender a Wilkins a los Hawks a cambio de un millón de dólares, más John Drew y Freeman Williams, dos jugadores sobre los que existían serias sospechas sobre el abuso de drogas (sobre todo en el caso de Williams, cuya carrera iba descendiendo meteóricamente pese a su calidad hasta terminar cortado por los Jazz a las pocas semanas).

Eso no fue el final ni mucho menos: a pesar de la entrada de los Bagley (padre e hijo) en el accionariado de la franquicia, para poder terminar la temporada los Jazz tuvieron que vender al joven y prometedor Danny Schayes a Denver a cambio de $300.000 y un Rich Kelley cuyas rodillas habían sobrepasado ya ampliamente su fecha de caducidad. Adrian Dantley se perdió casi todo el año con una lesión de muñeca, los Jazz apenas ganaron 30 partidos, y la asistencia al pabellón era tan baja que según Mark Eaton era materia de chiste: se contaba que Frank Layden recibió una llamada que resultó ser de un aficionado interesado en adquirir unas entradas. “¿A qué hora es el partido?”, preguntó. “¿A qué hora le viene bien?”, respondió Layden. No es de extrañar que los rumores sobre el futuro de la franquicia alcanzaran el nivel de chillidos histéricos: se hablaba de Miami, de Minnesotta, incluso de una fusión con los Denver Nuggets.

Hablando de Eaton, su incorporación fue una de las pocas buenas noticias para los Jazz esta temporada. Elegido en cuarta ronda y con bajísimas expectativas al llegar a la liga, Mark Eaton se fue convirtiendo en una pieza útil para unos Jazz con carencias dramáticas dentro de la zona.


A mí me intimidan más esas gafas.

Sin dinero, con problemas de drogas y dirigidos por un entrenador que se presentaba a sí mismo como el ejemplo a seguir para todos los vagos de América (“si él lo ha conseguido, cualquiera puede”). La receta de la felicidad.

quote:
“I told him, 'Son, what is it with you? Is it ignorance or apathy?' He said, 'Coach, I don't know and I don't care.'”
(Frank Layden)

1 comentario

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Patience is most bitter, yet most sweet the fruit it birth