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Mis Fantasmas Favoritos

Temporada 1983-1984: The Way We Were.

La plantilla:

PG: Rory Sparrow / Darrell Walker.
SG: Ray Williams / Trent Tucker.
SF: Bernard King / Ernie Grunfeld.
PF: “Truck” Robinson / Louis Orr.
C: Bill Cartwright / Marvin Webster.
Toalla: Eric Fernsten, Len Elmore.

Con Sparrow y el retornado Williams establecidos en el backcourt titular, Hubie Brown estrechó ligeramente su rotación: Grunfeld fue jugando menos, ya que perdía minutos en el perímetro frente a Walker y Tucker, y como alero frente a Orr; pero sobre todo fueron aumentando los minutos de los titulares en general, y de Bernard King en particular.


Balance: 47 – 35 (57%). Playoffs: 2ª Ronda.


La temporada 83-84 supuso la cumbre del proyecto Hubie en los Knicks. El nuevo perímetro era mucho más atlético y agresivo gracias a Ray Williams y a un Darrell Walker que terminaría en el quinteto ideal de novatos después de una buena temporada: aunque no era un base creador clásico, no era eso lo que Hubie le pedía; a cambio era un defensor si no superlativo sí al menos incansable, y en ataque compensaba su mal tiro con un notable despliegue atlético remontando la línea de fondo o cargando el rebote. En cambio, la gran decepción fue “Truck” Robinson, cada vez menos implicado en el proyecto del equipo. La temporada empezó con Hubie pidiéndole que bloqueara el rebote y Robinson contestando “si te parece tan fácil, ven y hazlo tú”, y terminó con una serie de enfrentamientos en público con el jugador y el entrenador gritándose el uno al otro durante los tiempos muertos o las sustituciones. Pero todo ello no era más que relleno alrededor de la auténtica historia de esta temporada.

Arma virumque cano. Con Brown permitiendo una ligera relajación en el enlentecimiento del juego, Bernard King promedió 26.2 puntos por partido en temporada regular, con un brutal 57.2% en tiros de campo. Fue titular del All Star e incluído en el quinteto ideal de la NBA, y aún así todo eso fue un mojón pinchao en un palo comparado con su asalto a sangre y fuego de los playoffs.

Los Knicks se cruzaron en primera ronda con los Detroit Pistons de Chuck Daly, Isiah Thomas y Kelly Tripucka. Para desesperación de Hubie Brown, un descontrolado Ray Williams se dedicó a intentar convertirse en héroe tirándose hasta las zapatillas con escaso acierto, y para compensar “Truck” Robinson desapareció en ataque. Con el irregular Cartwright como único apoyo ofensivo, y siendo el resto de la plantilla jugadores estrictamente secundarios, todo quedaba en manos de un Bernard King que para colmo jugaría buena parte de los playoffs con dedos dislocados en ambas manos las dos.

“The Natural” se echó el equipo a las espaldas y, en una de las actuaciones individuales legendarias en playoffs, batió el récord de anotación en una serie a cinco partidos con un promedio de 44 puntos por partido. La serie se decidió en un último partido en Detroit, cuando Daly intentó aplastarlo con jugadores más grandes como Kent Benson o Ray Tolbert sin lograr impedir que Bernard King se marcara una exhibición de medias vueltas en suspensión, entradas con bote, alley-oops y mates en palmeos que a pesar de la heroica resistencia de Thomas y Tripucka terminó con los Pistons eliminados en la prórroga, 127-123.

¿El premio? Un cruce de segunda ronda contra los Boston Celtics.

Los Knicks de Hubie Brown.



Para imaginar a los Knicks de Hubie Brown solamente tienes que tomar a los Memphis Grizzlies de hace dos temporadas, y mezclarlos con los Ninjas de Fratello y los Celtics obsesivo-compulsivos de Pitino. No es casualidad que todos procedan de la “cantera” del Five Star Camp de Howie Garfinkle.

Con la llegada de Brown, el enfoque de los New York Knicks pegó un giro radical. Dos de los axiomas básicos de Hubie Brown han sido la construcción del equipo desde la defensa y el uso de plantillas amplias. De los recién llegados, Robinson, Orr y Sherod eran prácticamente especialistas defensivos. Grunfeld y Sparrow se dejaban la piel en el empeño, e incluso el rookie Trent Tucker era bastante mejor defensor de lo que tradicionalmente se le ha reconocido. Solamente Bernard King era a priori un defensor mediocre, pero incluso éste demostró tal nivel de implicación que era casi imposible la crítica.

El comienzo de la revolución fue el concepto de las dos unidades. Para aplicar su estilo, Brown necesitaba en todo momento jugadores frescos, libres del cansancio y de la acumulación de personales. Como consecuencia, los Knicks jugaban regularmente con dos unidades completas, siendo Bernard King el único de la plantilla que superaba los 30 minutos por partido (y se quedaba en 32; recordemos que poco antes Bernard King, “Truck” Robinson y Larry Bird habían liderado la liga en ese terreno). El quinteto suplente promediaba entre 18 y 25 minutos por partido.

La defensa presionante era la seña de identidad de estos nuevos Knicks. La base eran los traps y “dos contra uno” al jugador con balón, pero no se quedaban ahí: en cualquier momento el equipo amenazaba poner una presión a media cancha o incluso a toda cancha, o alternando con la presión individual al base rival para forzar la subida de balón con otros jugadores. El objetivo era frenar el ritmo del equipo rival, y vaya si lo conseguían. Como última línea de defensa por si el rival superaba la presión, el esquema de Hubie necesitaba de la intimidación interior; sin embargo, en ese área el equipo mostraba carencias preocupantes: a pesar de la mejora en sus números, Cartwright no era un buen taponador, y ninguno de los aleros cubría ese área. Marvin Webster sí que era un gran intimidador interior, pero no bastaba con un pívot suplente. Hubie Brown instituyó una “no layups rule”, según la cual los jugadores no debían conceder bandejas en ningún caso, sino cometer la personal con total indiferencia hacia la situación del partido. Aquellos que incumplían esta norma pronto se encontraban en el centro de un pequeño universo de dolor.

En ataque, Hubie Brown fue un pionero en eso que llaman “basket-control”: los jugadores eran instruidos en las posiciones específicas que debían ocupar en la cancha correspondientes a las órdenes que emanaban constantemente desde la banda. Brown fue uno de los primeros entrenadores que marcaba todas las jugadas en estático de su equipo, convirtiendo al base en un mero transmisor de la voluntad del entrenador. El entonces locutor Tommy Heinsohn, enemigo declarado de Hubie Brown desde que éste lanzó una serie de pildorazos contra “esos ex jugadores convertidos en entrenadores sin pasar por un período de aprendizaje” en clara referencia a KC Jones y el propio Heinsohn, se burlaba de la imagen de Hubie en la banda constantemente cantando números cual binguero enloquecido (“¡14!”, “¡5!”, “¡21!”) para marcar jugadas cuyas diferencias parecían cuánticas: todas culminaban en tiro de Bernard King. “Es el número de segundos que tienen sus compañeros para pasarle el balón”, se mofaba Heinsohn.

El baloncesto ofensivo de los Knicks era deliberado. Como complemento a la defensa presionante, el ataque se hacía lento, parsimonioso y elaborado, buscando una máxima efectividad de un mínimo de posesiones generalmente gracias a una media vuelta de Bill Cartwright o a uno cualquiera de los inagotables movimientos de Bernard King. Casi todos los indicadores ofensivos de los Knicks descendieron con respecto a la temporada anterior, pero los defensivos se dispararon. New York era el peor equipo anotador de la liga, pero también el mejor defensor.

También el más fascinante, al menos de momento. Tras las críticas iniciales, la todopoderosa prensa neoyorquina hubo de ceder al hipnotismo de este entrenador capaz de pasar horas explicando las claves de un partido cualquiera de fase regular, que llegaba armado de resmas de papel escrito detallando lo más abstruso, y que centraba su análisis en aspectos poco mencionados por aquel entonces, como porcentajes de tiro y pérdidas del rival, o algo llamado “estadísticas de esfuerzo”.

De momento.

Sexo, Mentiras y Topes Salariales.



En Marzo de 1983 la NBA y la asociación de jugadores entablan conversaciones en un clima de crisis bordeando el milenarismo histérico: la guerra salarial ABA-NBA y el fracaso del baloncesto en convertirse el “deporte de América” en los plazos previstos por el comisionado Larry O’Brien tienen a la NBA al borde de la ruina. Se habla abiertamente de cerrar varias franquicias y acogerse al seno protector de la Gulf & Western para capear el temporal. Además, los árbitros están en huelga y habrá que recurrir a sustitutos de bajo nivel y soportar piquetes hasta bien entrado Diciembre. En un ambiente no muy lejano al de un gobierno de concentración nacional y que terminará provocando la dimisión del comisionado y su sustitución por David Stern, propietarios y jugadores acuerdan un nuevo convenio laboral que cambiará para siempre las reglas de juego de la NBA: a cambio del compromiso de la liga de mantener a toda costa una plantilla de 253 jugadores, éstos aceptan el establecimiento de el tope salarial.

Solamente una franquicia votó en contra de dicho tope: los New York Knicks. Así que no le deis tanta caña a Isiah, niños, que no es culpa suya que los Knicks lleven el ritmo en la sangre.

La situación se hizo angustiosa para unos Knicks que tenían a cinco agentes libres (Sparrow, Sherod, Westphal, Williams, Webster) más una elección de primera ronda (Darrell Walker) por firmar. Para colmo, los Knicks intentaron pescar en el río revuelto que suponía que los Celtics estuvieran en ese mismo momento afrontando las renovaciones simultáneas de Larry Bird y Kevin McHale. Cuando los Knicks anunciaron su intención de hacerle una oferta a McHale, los Celtics contraatacaron haciendo que Sparrow, Williams y Webster firmaran unas “offer sheets” ($450.000 anuales por tres temporadas para Williams y Webster, $500.000 anuales por cuatro temporadas para Sparrow). Los Knicks no tuvieron más remedio que igualar la oferta para no ver desmantelada su rotación, y encima tuvieron que soportar el ridículo de ver cómo la liga aceptaba el concepto de “Bird rights” propuesto por los Celtics y que permitió a Boston renovar tanto al mencionado Larry Bird como a McHale por unas cantidades solamente superadas por Moses Malone, Jack Sikma y Julius Erving. Para colmo, asumir esas renovaciones obligó a la franquicia a renunciar a los derechos sobre Ed Sherod, lo cual no era problema, y... Paul Westphal, en lo que sería la primera gran controversia de estos Knicks.

A pesar de haber jugado solamente temporada y media en los Knicks, y en un papel secundario, Paul Westphal se había convertido en uno de los favoritos de la afición del Madison. Aportaba una clase y distinción que la franquicia casi había olvidado, y encima acababa de recibir el premio al “Comeback Player of the Year” después de jugar 82 partidos de titular con un tornillo sujetando su fractura de pie. El despido de este ejemplo de profesionalidad y sacrificio supuso el primer momento de divorcio entre la afición y el entrenador, porque además se atribuyó directamente a Hubie Brown.

Dave DeBusschere intentó aplacar los ánimos de los aficionados repitiendo una y otra vez “we have a game plan” para indicar que el equipo efectivamente tenía la intención de no darse por satisfecho y buscar reforzarse para cotas mayores. Sin embargo, no era eso lo que veían los fans. El único refuerzo auténtico que llegó fue el base novato Darrell Walker, elegido con el número 12 del draft y que resultaría ser el tipo de jugador intenso que encajaba perfectamente en el estilo Hubie.

Más que reforzarse, los Knicks parecían estarse debilitando: después de renovar a “Sly” Williams, el equipo descubrió que no se podía permitir mantenerlo y prácticamente se lo regaló a los Hawks. Cuando la marcha de Marvin Webster parecía un peligro real, habían fichado al pívot Len Elmore de los Nets a cambio de una segunda ronda; Elmore, un veterano de la ABA con una carrera normalita de suplente, no era precisamente el tipo de refuerzo que podía llevar a una franquicia al “siguiente nivel”. Encima, con la renovación de Webster su papel quedaba aún más reducido.

Prácticamente la única incorporación relevante fue el retorno del escolta Ray Williams. Williams había sido uno de los jugadores destacados durante la segunda etapa de Red Holzman en el equipo, promediando más de 20 puntos por partido, pero eventualmente fue traspasado a los Nets que tenían la idea de reconvertirlo en base. No cuajó, y terminó de vuelta en el Madison en un traspaso a tres bandas a cambio de Vince Taylor y una primera ronda para 1984 (Vern Fleming). Ray Williams era prácticamente un “combo guard” aunque prefería tirar a pasar y no era lo suficientemente creativo para ser un base-base, sí era un jugador completísimo capaz de subir el balón con soltura, driblar a quien hiciera falta, anotar el tiro exterior o aprovechar su privilegiado físico atlético para ayudar en el rebote, aplicarse en defensa o entrar a canasta ante rivales mucho más altos. Su único defecto era su tendencia a perder la concentración y con ella la selección de tiro: a pesar de que su mejor arma eran las penetraciones, con los años cada vez optaba más por la opción cómoda del tiro a media distancia; además, no terminaba de aceptar del todo su nuevo papel como tercera opción ofensiva por detrás de Bernard King y Bill Cartwright. Con todo, una buena incorporación.

No se puede decir lo mismo de Eric Fernsten, fichado para cerrar la plantilla como duodécimo hombre. Pívot blanquito con bigote de la escuela de pívots blanquitos con bigote de los de toda la vida, ostenta la sorprendente distinción de haber recibido notables alabanzas de Larry Bird durante su etapa en Celtics: según Bird, Fernsten era el “suplente definitivo”, un jugador al que directamente no le importaba no saltar a cancha pero que se dejaba la piel en los entrenamientos, convencido de que su trabajo era hacer sudar a los titulares para subir su rendimiento en los partidos gracias a unos buenos entrenos.

También sirven los que esperan, o eso dicen.

La Reconstrucción.





En el verano de 1982, Sonny Werblin se lanzó a la tarea de reconstruir la franquicia de arriba a abajo. Para empezar, a Eddie Donovan se lo ascendió a un puesto directivo como recompensa por los servicios prestados, pero al margen de la gestión deportiva del equipo. “Red” Holzman se retiró por segunda vez, pero esta vez con un homenaje apropiado a sus méritos que incluyó la retirada en su honor de una camiseta con el número 613 por las victorias sumadas en el equipo. Eso era también una forma de decir que no se volvería a recurrir a él para la victoria número 614, y que Holzman quedaba definitivamente en el pasado. Como sustitutos llegaron Dave DeBusschere, todo un clásico de la franquicia que se haría cargo del puesto de Vicepresidente Ejecutivo al Cargo de las Operaciones (con funciones de Mánager General en la práctica), y Hubie Brown, recién despedido por los Hawks y con un notable historial de reconstrucciones a sus espaldas.

La primera labor que afrontó esta nueva gerencia fue el próximo draft de la NBA. Los Knicks contaban con una elección de primera ronda y dos de segunda ronda (la suya orgánica más otra recibida de Atlanta a cambio de renunciar al derecho de tanteo sobre Mike “Stinger” Glenn un par de años antes). Con el nº 6 eligieron a Trent Tucker, un especialista tirador procedente de Minnesotta. En segunda ronda eligieron a Scott Hastings, un alapívot que se haría bastante más famoso por sus comentarios que por su juego (mítico su “papá, tengo miedo, creo que soy el mejor jugador de la plantilla” tras llegar a Miami en el draft de expansión), y Vince Taylor, un escolta que heredara el puesto de Jim Spanarkel en Duke. Ambos salieron del equipo antes de terminar la temporada.



A continuación, llegó la hora de deshacerse del peso muerto al fondo del banquillo rumbo a Europa. Mike Davis se vino a Barcelona, y Larry Demic, un alapívot banquillero total, firmó por la Benetton.



Como ya se ha mencionado, Toby Knight, Hollis Copeland y Campy Russell se retiraron debido a sus lesiones. Los veteranos Mike Newlin y Randy Smith fueron cortados, al igual que el pobre Reggie Carter. A Sly Williams, sin embargo, se lo renovó por un año más a razón de $200.000 después de que DeBusschere y Hubie decidieran darle una nueva oportunidad para volver al buen camino.

El auténtico trabajo de reconstrucción, sin embargo, era otro. Para empezar, Maurice Lucas fue traspasado a Phoenix a cambio del veterano alapívot Leonard “Truck” Robinson. Aunque Robinson era mayor que Lucas y sus mejores años quedaban atrás, se esperaba que aportara mayor solidez defensiva y espíritu de sacrificio. A continuación ficharon al agente libre Louis Orr a recomendación de Rick Pitino, nuevo asistente de Hubie Brown y que en su día lo reclutara para Syracuse (donde formó pareja con el indomable Roosevelt Bouie). Orr no era una estrella, pero sí un gran profesional y un alero muy valioso para la rotación, a pesar de que su apariencia desnutrida le granjeara apodos tales como “Ghandi” o “Biafra” por parte de los compañeros o la prensa. Como compensación, los Knicks tuvieron que entregar a Indiana una segunda ronda para 1983 (“Scooter” McCray).



Todo esto, sin embargo, quedó en un segundo plano por detrás del gran megatraspaso de este verano: Sugar Ray Richardson y una quinta ronda del draft a los Warriors a cambio del alero Bernard King, uno de los mayores anotadores de la NBA en estos momentos.



Para asegurar que el nuevo jugador franquicia del equipo se encontrara como en su casa, los Knicks ficharon al agente libre Ernie Grunfeld. Grunfeld era un escolta de ésos completitos, lentos pero con buen tiro, de los que se dejan la piel haciendo cualquier cosa que les diga el entrenador. Su valor, sin embargo, residía fundamentalmente en haber sido la otra mitad del “Ernie & Bernie Show” con Bernard King en la universidad de Tennessee.



Para redondear la plantilla, a mitad de temporada los Knicks mandaron a Scott Hastings a los Hawks a cambio de Rory Sparrow, un base que tras ser elegido en cuarta ronda del draft fue capaz de resucitar desde el cementerio de la CBA hasta convertirse en un titular más que potable de la NBA. Se alternó como base suplente con el rookie Ed Sherod.

La reconstrucción se había completado. La pregunta era, ¿funcionaría?

Temporada 1982-1983.


Balance: 44 – 38 (54%). Playoffs: 2ª Ronda.


Debido a esa enmienda constitucional que establece que a los Knicks nada les debe resultar fácil, Hubie Brown llegaba a New York precisamente en un momento en el que la Atlantic Division era seguramente la más dura de la NBA. Por lo pronto, incomparablemente más dura que la Central: increíblemente, los cinco equipos de la Atlantic terminaron por encima del 50%, y el último de la división (Washington) quedó a un solo partido del segundo equipo de la Central Division (Atlanta). Una única victoria de diferencia impidió el bochornoso resultado de que los cinco equipos de una división entraran en playoffs, y solamente el campeón de la otra.

La plantilla:

PG: Paul Westphal / Rory Sparrow / Ed Sherod.
SG: Trent Tucker / Ernie Grunfeld.
SF: Bernard King / “Sly” Williams.
PF: “Truck” Robinson / Louis Orr.
C: Bill Cartwright / Marvin Webster.

La era de Hubie Brown en los Knicks empezó desastrosamente, con una racha de siete derrotas consecutivas y en su mayoría auténticas palizas. El equipo pareció remontar con tres victorias seguidas, pero luego volvieron a perder cuatro consecutivas, luego ganaron dos, y perdieron tres, y... creo que ya os hacéis una idea. Poco a poco y de menos a más, el equipo fue adquiriendo solidez y estabilidad, hasta que por fin una racha de 8 victorias consecutivas en Marzo pusieron al equipo definitivamente por encima del 50% y encarrilaron la clasificación para playoffs.

El clásico partido del día de Navidad fue un apasionante Nets – Knicks que a la rivalidad local sumaba el interés en volver a ver el enfrentamiento entre los hermanos King. Como corresponde a la ocasión, el partido se jugó de poder a poder hasta el último segundo y más allá, ya que hubo prórroga (la tercera en los últimos cuatro partidos de los Knicks). Sin embargo, New York no pudo repetir el éxito de los partidos contra Boston y Milwaukee y los Nets se llevaron la victoria 112-110 gracias a los fallos en los tiros libres de Bernard King y Marvin Webster, y a un par de canastas decisivas de Darwin Cook, primero para enviar el partido a la prórroga a falta de nueve segundos y luego para poner por delante a los Nets en el último minuto del tiempo extra. Aunque fueron prácticamente los únicos puntos de Cook en el partido, sirven para representar a estos Nets que de la mano del rookie del año Buck Williams y con Larry Brown en el banquillo estaban en medio de una increíble racha de 11 victorias consecutivas.

Cuando ambos equipos se volvieron a enfrentar en la primera ronda de playoffs, las circunstancias habían tomado un giro dramático para unos Nets cuya magnífica temporada se vino abajo estrepitosamente en el último mes de competición. Primero su nueva estrella traída de los Warriors, Michael Ray Richardson, no solamente exhibió un rendimiento mediocre, sino que se vio implicado en una serie de rumores, noticias e informes filtrados a la prensa sobre su adicción a la cocaína. Pero eso no fue lo peor: a un par de semanas del final de la liga regular, la prensa publicó la sorprendente noticia de que Larry Brown estaba en tratos secretos con la universidad de Kansas para aceptar el puesto de entrenador, lo que obligó a Joe Taub, presidente y copropietario de los Nets, a exigir la dimisión fulminante de Brown y a tomar inmediatamente medidas legales solicitando una compensación económica. Además, Taub anunció su pronta dimisión efectiva al final de temporada, afirmando que el comportamiento de Larry Brown había destruido su confianza en el deporte. En medio de semejante maremágnum, el asistente Bill Blair terminó la temporada regular de mala manera con un balance de 2-4, lo cual era mala señal para el inminente playoff.

Efectivamente, lo que podía haber sido un emocionante reencuentro de los Knicks contra su antigua estrella, se convirtió en un paseo militar para éstos. Los New York Knicks ganaron cómodamente 118-197 el primer partido en las Medowlands, y en tomaron una ventaja de 25 puntos al descanso en el Madison. Los Nets aún tiraron de casta buscando la remontada imposible y llegaron a recortar la desventaja a sólo 5 puntos, pero fue el canto del cisne de un equipo desgarrado por la deserción de su entrenador. Los Knicks se plantaron en semifinales de conferencia.

Contra los Philadelphia 76ers. Los del Dr. J y Moses Malone, los del “Fo’ Fo’ Fo’”. Ugh. A pesar de todo lo que habían progresado, estos “nuevos Knicks” no estaban aún preparados para plantar cara a uno de los equipos más dominantes de la historia. Hubo ciertos destellos de esperanza en New York cuando corrió el rumor de que Malone podría perderse todo o parte del playoff debido a la tendinitis que arrastraba en sus rodillas, pero finalmente pudo saltar a cancha; y no sólo eso, sino que en estrecha asociación con Maurice Cheeks se fue a los 38 puntos y 17 rebotes para certificar la derrota de los Knicks 112-102. New York poco pudo hacer frente a eso, especialmente cuando Bernard King sufrió una recaída de su torcedura de tobillo y tuvo que perderse la segunda parte.


Moses Malone y Marvin Webster reeditaron sus enfrentamientos en la ABA.

Los Sixers se llevaron también el segundo partido 98-91 sin excesivas dificultades, pero de vuelta en el Madison los Knicks salieron decididos a plantar cara y a no caer sin luchar. En dos partidos competidos hasta el último suspiro, los Sixers completaron la “barrida” 4-0, pero teniendo que pelear hasta el último segundo y con unos marcadores de 107-105 y 105-102. Los Knicks se lo habían dejado todo sobre la cancha, pero simplemente no pudieron frenar a un inconmensurable Moses Malone que promedió 30 puntos y 15 rebotes en la eliminatoria.

En cualquier caso, el veredicto fue unánime: los Knicks habían resucitado.

New York Knicks 1981-1982: 33 victorias y 49 derrotas.

Los últimos Knicks de “Red” Holzman formaban un equipo con algunas virtudes notables, pero también unas carencias estructurales que demostraban la necesidad de una reconstrucción a fondo. El equipo se basaba claramente en la anotación del emergente Michael Ray Richardson por fuera, y el decepcionante Bill Cartwright por dentro. Completaban el quinteto titular el veterano escolta Randy Smith y el alapívot Maurice Lucas, en una de las paradas de su “tour de la NBA” tras abandonar los Blazers. El puesto de “tres” lo alternaban el veterano “Campy” Russell y el joven “Sly” Williams, mientras que el banquillo lo componían los veteranos Paul Westphal, Mike Newlin y Marvin Webster. Esta descripción, sin embargo, da una impresión de solidez muy lejana de la realidad.



“The ship be sinking”, fueron las proféticas palabras de Sugar Ray Richardson para describir la temporada y también su carrera. La gran estrella de los Knicks fue incapaz de repetir el éxito del año anterior, pero el auténtico problema era su creciente adicción al alcohol y a las drogas. Mientras los fans creían ver a un jugador franquicia alcanzando su mejor momento, la gerencia se veía obligada a aceptar el hecho de que se había convertido en un riesgo inaceptable y una bomba de relojería.



Randy Smith es el epítome del atleta completo. Compitió en fútbol, atletismo y baloncesto en la universidad, y luego estableció el récord de partidos consecutivos en NBA (906) hasta que lo superó AC Green. Un buen escolta muy versátil, capaz de anotar el mate o el tiro exterior, pero a sus 33 años no pasaba de jugador secundario al borde de la retirada.



La situación era aún peor en el puesto de alero. Teóricamente, la titularidad correspondía al estrafalario Sylvester “Sly” Williams, pero el descontento de éste por su contrato (tres años por un total de $300.000) lo llevó a un enfrentamiento con la franquicia durante el cual se dedicó a faltar a partidos y entrenamientos con las excusas más peregrinas, normalmente comunicadas por teléfono por su hermano justo antes de los partidos. Fue suspendido varias veces por el equipo, y su lugar terminó ocupándolo el veterano “Campy” Russell, al que a priori se le suponía un papel más de apoyo. Como era de esperar, Sly Williams tuvo un mal final: tras una condena suspendida por uso de drogas, hace un par de años se declaró culpable de dos delitos de secuestro y violación.

Maurice Lucas no necesita presentación, pero los Knicks fueron otro de los equipos que descubrió que a estas alturas Lucas era poco más que un mercenario, un buen jugador que aportaba muchísima solidez interior pero que a sus treinta años ya empezaba a decaer, y no destacaba por implicarse en los proyectos deportivos. Aún así, era el único de los Knicks que se molestaba en defender, y su mayor problema fue que esa faceta lo dejaron más solo que la una.



Bill Cartwright había sido drafteado un par de años antes como el pívot franquicia de los Knicks, pero después de dos temporadas su rendimiento decayó rápidamente. Cartwright era un muy buen pívot anotador, capaz de competir con los mejores de la liga en ese aspecto, pero también era un defensor completamente nulo y sobre todo no era un jugador dominante. Su sorprendente capacidad para acumular notables estadísticas sin ejercer efectos visibles en los partidos llevó a Peter Vecsey a apodarlo “Invisibill”, dando comienzo al prolongado divorcio entre la prensa y afición neoyorquinas y el pívot titular de los Knicks.


La respuesta es “no”.

Marvin Webster, apodado The Human Eraser, fue posiblemente el mejor taponador de la historia del baloncesto. Sin embargo, su carrera profesional en ABA y NBA no estuvo a la altura de su magnífico rendimiento universitario, y quedó convertido en un especialista complementario. Su llegada a los Knicks como agente libre por una auténtica pasta fue una de las grandes noticias de 1978, después de llegar a la final de la NBA con los Sonics en la que sería su mejor temporada (y de hacer un partido en esa final en la que demostró todo ese potencial que no llegó a sacar consistentemente). Sin embargo, después de un año en el que demostró no ser más que un buen jugador de rotación, los Knicks optaron por draftear a Cartwright y relegar al Eraser al banquillo, desde donde aún jugaba bastantes minutos como especialista defensivo.



Mike Newlin era un veterano escolta que tras muchas temporadas en los Rockets, vino de los Nets a cambio de Mike Woodson para terminar su carrera en New York. Digno exponente de la solución clásica en esta época a los problemas de los Knicks: “si no sabes cómo solucionarlo, haz un traspaso con los Nets”.



Reggie Carter, que falleció recientemente de un infarto, era la clásica estrella local procedente de St John’s que jugaba escasos minutitos como base suplente por detrás de Richardson.

Teóricamente, la rotación la debería haber completado el alero Toby Knight, un buen jugador sin ser en absoluto una estrella, pero después de pasarse la temporada anterior en blanco debido a una rotura de ligamentos de su rodilla izquierda, se demostró que su recuperación no era posible y los Knicks se vieron obligados a cortarlo. Se suponía que su sustituto era nuestro viejo conocido Hollis Copeland, que volvía después de un gran año en el CAI.



quote:
Copeland had an excellent season playing for Zaragoza. “I was Player of the Year, saved my club from demotion from the First Division, I felt like I could become some kind of a Michael Jordan of Spain,” he says. “For the first time in my life, I was The Man. I really enjoyed that. To tell you the truth, I did not really want to come back. I had a great time -- and I loved the slower lifestyle. But the Knicks insisted.”


Sin embargo, a poco de empezar la temporada el saltarín Copeland sufrió una gravísima lesión en un pie durante un entrenamiento. Se había dislocado cinco huesos, y el médico del equipo le advirtió que una nueva lesión podría impedirle no ya jugar sino incluso andar con normalidad. Fue el fin de la carrera NBA de Hollis Copeland.

Para completar la rotación, los Knicks intentaron contratar al veterano Paul Westphal, que era agente libre tras su paso tan fugaz como decepcionante por los Sonics. Como este año todo le salía mal a los Knicks, los Sonics se opusieron al traspaso todo lo que pudieron (como anterior equipo, aún mantenían derechos sobre el jugador) y Westphal no pudo incorporarse a la plantilla hasta cerca del final de la temporada, demasiado tarde para evitar el desastre.



Así que estos eran los Knicks, un equipo cuyas estrellas eran un drogadicto y un pívot invisible, donde solamente defendían Lucas y Webster. El futuro tampoco era precisamente halagüeño: Randy Smith, Mike Newlin, “Campy” Russell y Paul Westphal estaban ya al final de sus carreras; Maurice Lucas y Marvin Webster andaban ya por los treinta años. Las lesiones de Copeland y Knight habían puesto fin a sus carreras, y durante el verano “Campy” Russell se les uniría al sufrir una grave lesión de tobillo durante un partidillo amistoso de la que no se recuperaría.

Si los Knicks hubieran puesto un circo, a los enanos les habría salido una fascitis plantar.

Antecedentes

No es casualidad que las dos únicas franquicias fundacionales de la NBA que no han cambiado de sede ni de denominación sean también las que más han contribuido a la creación y expansión de la liga: los Boston Celtics y los New York Knicks. Es posible, incluso, que el papel de los Knicks fuera aún más decisivo que el de los Celtics, a pesar de que éstos gocen de mayor fama debido a sus extraordinarios éxitos deportivos.

Fue Ned Irish, primer propietario de los Knicks, el que creó el concepto de baloncesto como un espectáculo de masas, con aquellos doubleheaders en el Madison con lo más granado del baloncesto colegial. De hecho, la BAA se creó pretendiendo aprovechar ese mismo esquema empresarial y basarse en propietarios o gerentes de pabellones deportivos, como garantía de una base sólida. Aunque no todos los propietarios originales cumplían estas condiciones, ni mucho menos los que fueron llegando, sí que se mantuvo un poso de estabilidad que probablemente fue el factor decisivo para la supervivencia de la liga por delante de otras iniciativas anteriores o contemporáneas como la Eastern League o la absorbida NBL. Aún más, si el instinto predador y pionero de la facción “pobre” de la liga (los Biasone, Gottlieb, Kerner y demás) fue imprescindible para la supervivencia, los “aires de grandeza” de la facción rica liderada por Ned Irish y apoyada por Fred Zollner fueron el impulso para ir saliendo de los callejones y alcanzando un auténtico nivel de liga profesional (Walter Brown era el pegamento entre ambas facciones).



Aunque resultara ofensivo para las demás franquicias ver cómo el snob de Irish se negaba a anunciar los partidos de los Knicks en la marquesina del Madison Square Garden cuando se enfrentaba a equipos procedentes de Oshkosh, Sheybogen o Fort Wayne, y lo sustituía por un letrero “Professional Basketball Here Tonight”, también Irish tenía razón al decir que no lograrían atraer al público mientras ofrecieran el sórdido espectáculo de un equipo visitante llegando al Madison diez minutos antes del partido, después de diez horas de carretera apilados todos en un par de coches y con los uniformes puestos desde antes de salir. Daban más aspecto de vagabundos que de deportistas de élite, y el hecho de que Irish se negara por cabezonería a comprender las dificultadas de sus socios no cambia el hecho de que esa imagen tendría que cambiar para que la liga sobreviviera.

Según Leonard Koppett, la NBA llegó a ser lo que es gracias a esa dialéctica entre ambas posturas, en un equilibrio delicado que se hubiera podido romper si los Knicks hubieran estado a la altura de la prepotencia de su dueño y hubieran dominado la liga. Lo cual no fue el caso, por decirlo suave: en sus primeros años, los Knicks tenían un buen equipo y un gran entrenador (el legendario Joe Lapchick, flor y prez de la caballería), pero no tenían un pívot. De hecho, se puede concebir la historia de los Knicks como una especie de eterna búsqueda del pívot.

A pesar de tener una buena plantilla, era imposible plantar cara a los Lakers de Mikan sin un hombre alto de primera magnitud. Para cuando se retiró Mikan, sucedió lo mismo con Russell, y luego con Chamberlain. New York nunca tuvo un hombre alto de nivel siquiera notable, aunque fuera un Larry Foust, un Johnny Kerr o un Wayne Embry. Lo intentaron parchear con aleros esforzados como Harry “Horse” Gallatin o el ex-Globetrotter Nate “Sweetwater” Clifton (pionero en la integración racial de la NBA), pero no funcionó. Luego el escándalo de las apuestas del baloncesto universitario hundió su posible cantera territorial, y encima fueron maltratados por la mutación en el puesto de pívot, cuando la llegada de Russell, Chamberlain y Stokes convirtieron a los pívots “clásicos” estilo Mikan (Arnie Risen, Charlie Share) en auténticos dinosaurios de un año para otro; los Knicks draftearon a prometedores pívots universitarios como Ray Felix o Darrall Imhoff, sólo para ver cómo éstos se estrellaban en un baloncesto que les había cambiado las reglas de un día para otro. Incluso cuando eligieron a un pívot “estilo moderno” como Walter Dukes les salió el tiro por la culata, ya que a pesar de su fuerza y velocidad resultó ser un jugador descoordinado física y mentalmente sin el menor impacto en la liga. No es sorprendente que el primer anillo de la franquicia, tan buscado, llegara de la mano del primer gran pívot de New York, Willis Reed.



Con Reed y una fantástica generación de jugadores reunidos por el GM Eddie Donovan, los Knicks ganaron dos títulos entrenador por “Red” Holzman. Sin embargo, la marcha de Donovan y algunas decisiones dudosas llevaron al equipo a una decadencia quizás más rápida de lo esperado. Otro de los sinos de la franquicia de los Knicks ha sido competir siempre bajo una gerencia inestable como el agua, y a mediados de los setenta esos eran los nuevos propietarios, la megacorporación Gluf & Western y su hombre en los Knicks, “Sonny” Werblin. Los movimientos del equipo se hicieron erráticos: “Red” Holzman se había retirado y lo había sustituido Willis Reed, que ganó 48 partidos en su primera temporada como entrenador. Sin embargo, un mal arranque bastó como excusa a Werbling para despedirlo y repescar al veterano Holzman además de volver a traer a Donovan como GM tras su exitoso paso por los Buffalo Braves.



Segundas partes nunca fueron buenas. Aunque Donovan reconstruyó el equipo sobre la base de Bill Cartwright y Michael Ray Richardson y ganaron 50 partidos en 1981, ésa fue la única temporada por encima del 50% en la segunda etapa de Holzman al frente del equipo. Tras tocar fondo con sólo 33 victorias en 1982, Sonny Werbling optó por la reconstrucción completa no solamente de la plantilla sino de toda la franquicia.

Ningún bosquejo de los Knicks puede aspirar a ser representativo sin incluir una mención a la prensa deportiva neoyorquina. Trabajar en el gran pomelo no es demasiado diferente a intentar correr una marathon hundido hasta las rodillas en barro. Radiactivo. Mientras te llueve ácido clorhídrico y suenan Andy y Lucas por unos altavoces. ¿Piensas que exagero? Durante la temporada 1969-70, mientras los Knicks ganaban el primer anillo de su historia en el famoso “partido de Willis Reed”, el periodista Phil Berger se infiltró en la plantilla para escribir su antológico “Miracle on 33rd Street”, donde revelaba todas las tensiones internas de la plantilla (las envidias de Holzman hacia DeBusschere, el aislamiento de Bradley, el resentimiento de Russell, las tensiones raciales). Como libro, un hito en la historia del periodismo deportivo. Pero dice mucho de la prensa neoyorquina que la historia de su primer campeonato quedara impresa en letras de rencor, enfrentamiento y motín.

Y Berger es un corderito al lado de Peter Vecsey.

Citas de Frank Layden

Sobre su etapa universitaria: “I wasn't the greatest high school student. When it came time to go to college, I had to take the caramel test. That's where the admissions director leaves the room but also leaves a caramel on the desk. If you reach over to take the caramel and eat it after removing the paper, you get an academic scholarship. If you chew it with the paper on, you get an athletic grant - like I did.”

Sobre su primer título de división, que coincidió con el de los Cubs: "It was the year of the underdog. If World War III had broken out, Norway would have won."

Sobre Pat Riley: "We're both good-looking and we're both Irish. The only difference I can see is that he buys his clothes and I find mine."

Sobre los comienzos de la franquicia:

"When I came here people asked, 'How long will it take to win?' My answer was, 'It'll take seven years.' People said, 'Seven years! The good Lord made the world in seven days!' I said, 'Yeah, but you don't want a team that's in the shape the world's in.' "

"We may not be able to get anyone to come see us because we're going to win, but we can get them to come because they like us."

"The Jazz are America's team... the Americans just don't know it yet."

Sobre jugadores:

"His life was a series of trials... but no convictions."

"They say he is still adjusting to the NBA. I figure it takes three years just to find out when the planes leave."

"He didn't have a very good college career. But it was the best seven years of his life."

"I didn't know if he was a player. He looked like a player. I figured he would look good in the team picture. After all, we've got a coach who desn't look like a coach."